El audio Digital



Audio digital

Audio digital
Previamente vamos a aclarar algunos conceptos importantes para entender que es la “música digital”. Hasta la llegada del CD, el almacenamiento de los sonidos se realizaba por medios electromecánicos, es decir, la onda sonora impactaba sobre un transductor (micrófono) encargado de entregar una débil señal eléctrica que era amplificada, tratada y finalmente almacenada habitualmente en bobinas magnéticas de varias pistas. Se conseguía así que la orientación de las partículas magnéticas depositadas en estas bobinas guardaran información sobre los sonidos originales. Pero estos formatos eran degradables con su uso y el transcurrir del tiempo, teniendo el problema añadido que al realizar varias copias consecutivas (remezcla de originales, sucesivas generaciones de copias …), el deterioro de la calidad podía llegar a ser insostenible.

Así se pensó en un formato de grabación de sonidos que cumpliera los requisitos de tener un fácil almacenaje, no perder calidad cuando se obtuvieran siguientes generaciones de la copia original, y una calidad idéntica al master de estudio. Así surgió el proceso de digitalización musical.


La digitalización (en general), no es otra cosa (y ahí es nada) que el proceso por el cual un medio físico “analógico” como el sonido, las imágenes, la temperatura o la velocidad del viento, se transforma en números. Se realiza tomando al menos el doble de muestras de la frecuencia máxima del hecho físico en observación, transformando cada una de estas muestras en un valor (número) que se almacena para su posterior tratamiento. Hemos de tener muy en cuenta que estos hechos físicos por lo general, y muy particularmente en el caso de los sonidos, son continuos en el tiempo, por lo que cuantas más muestras tomemos, y el “calibre” con el que midamos la magnitud (amplitud) de lo observado más preciso sea, nos reportará una mayor información y en consecuencia podremos reproducirlo posteriormente con una mayor fidelidad. Como referencia se ha determinado que un oído normal, está acotado entre las frecuencias de 20 y 20.000 Hz, por lo que tomando un mínimo de 40.000 muestras por segundo podemos reproducir posteriormente de una manera fiel el sonido original.

Esta digitalización se realiza con equipamiento electrónico específico: conversores analógico-digitales, a los que por una parte les entregamos esa débil señal eléctrica de la que hablábamos antes (micrófono), procedente de nuestro mundo analógico, y nos las conviertes en números, en el formato de unos y ceros tan conocido que es el lenguaje de los ordenadores. Estos conversores tienen fundamentalmente dos parámetros: el número de muestras que toma por segundo de la señal de entrada, o ancho de banda (que recordemos debe ser, al menos, del doble de la frecuencia máxima de esta señal analógica de entrada), y se mide en Hz. El segundo parámetro es su resolución (sería el “calibre”, cada una de estas muestras cuán precisa es), y se cuantifica en bits. Remarcando el anterior párrafo, cuanto mayor sea el ancho de banda y mayor el número de bits, más fidedigna será la información almacenada respecto al original. Así, una vez obtenida esta información numérica, se trata en ordenadores especializados, donde al ser números, no tiene los problemas anteriormente mencionados de los soportes tradicionales. Una vez finalizado el trabajo en el estudio de grabación, obtenemos un master numérico del que podemos hacer todas las copias también numéricas que sean necesarias para su distribución al gran público. Estas copias nos llegan actualmente en el formato CD.

Finalmente esta información numérica (CD) hay que retornarla a nuestro mundo físico (analógico) que no entiende de números bajo el formato de unos y ceros. Para esto tenemos otros conversores, que ahora son digitales-analógicos, y se encargan de transformar estas muestras numéricas en valores proporcionales de tensión eléctrica que será amplificada, enviada a los altavoces y llegará a nuestros oídos en forma de onda sonora. Fin del proceso.

Ya teniendo unos principios sobre la digitalización, podemos decir que nuestro familiar y veterano CD almacena dos canales de audio, cada uno muestreado a 44,1 Khz por medio del formato de grabación PCM con dos filtros: el primero de decimación, y el segundo de interpolación, y 16 bits de resolución. Este dato nos avisa de la ingente información que hay que tratar para reproducir la música almacenada digitalmente, por lo que no nos habrá de extrañar que algunos formatos de grabación realicen compresión de datos, conllevando pérdida de información redundante para un oído medio y en consecuencia pérdida inapreciable (no tanto si su oído está bien entrenado) de la fidelidad en la reproducción del sonido original.

Pasemos ahora a comentar brevemente los más utilizados formatos de audio muticanal para analizar sus diferencias y mejoras de unos respecto a otros. Y es que desde que el cine mudo dejó paso al sonoro, y así hasta nuestros días, el afán por conseguir un mayor realismo en las salas de cine pasa inevitablemente por que la reproducción de los sonidos sea “viva” e impecable.


Sea el primero en comentar

Deje una respuesta

Su dirección de E-mail no será publicada.


*